Por las salas oscuras – Carlos Germán Amézaga

Cuando salgo al extranjero, una de mis infaltables actividades es la de visitar las librerías de la ciudad. Paso un largo rato curioseando todas las estanterías en busca de alguna joyita cuyo autor, generalmente, pertenece al país de mi estadía. Si pudiera, me podría llevar la mitad de la librería encima, pero además del pago por el sobrepeso aéreo, mi capacidad adquisitiva me limita a ser bastante selectivo con la compra.

De vacaciones en Lima fui a una de las tiendas de la mayor cadena de libros del Perú. Fue en el Crisol de San Miguel donde encontré este ejemplar -parte de un reducido tiraje de 500 copias- que lanzó el Grupo Editorial Caja Negra el año pasado. La portada con la foto de un cine de barrio limeño, abandonado a su suerte en los tiempos de hoy, me llamó la atención. El texto de la contraportada -del reconocido escritor peruano Marco Martos- incrementó mis expectativas: «De la mano de su prosa precisa, rememoramos nuestras propias experiencias en las plateas y mezzanines, en las propias cazuelas de la infancia». Me lo creí y así fue como me hice de uno de mis mayores fiascos literarios.

El punto de partida es bastante bueno: el diplomático y escritor Carlos Germán Amézaga es un cinefilo que le encanta de sobremanera ver las películas dentro de una sala de cine. Esta pasión le viene de niño, desde que frecuentaba los cines de barrio de Magdalena -donde yo también disfruté de grandes filmes durante mi adolescencia- y que con rigurosa disciplina consignaba el nombre de la película, la sala y una valoración de sus sensaciones en un cuaderno que mantiene y sigue completando a día de hoy, y que ha recorrido buena parte del mundo gracias a su función como diplomático.

Todo esto se relata en el primer capítulo a manera de introducción, de solo cuatro páginas, en donde el autor parece que se guarda lo mejor para las siguientes hojas. No es así sino todo lo contrario. En los siguientes capítulos repite, con la misma estructura y una prosa demasiado simple, lo que fue su vida en esos años, un resumidísimo -quizás innecesario- panorama mundial, los ganadores del Óscar a mejor película, director, actriz y actor, y a continuación una relación de las películas vistas ese año acompañadas de una breve y desangelada sinopsis. Además, finaliza todos los capítulos con una frase insoportable del tipo “pero eso se los contaré más adelante”.

Por si no fueran suficientes vicios, le podemos sumar alguna inexactitud (como la de confundir los papeles de Brad Pitt y Bruce Willis en “Twelve monkeys”), algunas valoraciones cuestionables como la de Episodio I de Star Wars («para muchos, quizás, la mejor de todas») o la cuarta de Indiana Jones («simpático como siempre y bien dirigido»), y el vaticinio del cine del futuro poniendo como ejemplo la espectacularidad (sin continuación) de la tecnología 3D en Avatar.

Si lo que busca era un libro con crónicas y fotografías de cómo eran los cines de barrio antes y en qué se han convertido a día de hoy, no se equivoque como yo y no compre este libro. Y en general, ante autores desconocidos para uno, lo mejor siempre será hacer una lectura diagonal y rápida de su contenido en la propia  librería antes de comprarlo. No sea tímido(a) y sáquelo de su cerrado envoltorio, en caso de estarlo, o pídale al encargado que le muestre un ejemplar abierto. Ya tenemos demasiados disgustos como para no disfrutar de una buena lectura.

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