Spandau Ballet (4.5)

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Con puntualidad británica, a las nueve de la noche los Spandau Ballet hicieron su aparición en el amplio escenario del Palacio Euskalduna de Bilbao para ofrecer lo mejor de su repertorio a varios cientos de cuarentones ávidos de cantar los éxitos que bailaron en su adolescencia. Fueron dos horas llenas de nostalgia, cubiertas a la perfección por los supervivientes más elegantes del panorama musical inglés de la primera mitad de los ochenta.

El pretexto para este tour fue el documental Soul Boys of the Western World –estrenado el año pasado- que trata del ascenso, la caída y posterior resurrección del grupo-. Por ello no sorprendió que iniciaran el concierto con “Soul boy”, la primera composición del vocalista Tony Hadley para la banda. Le siguieron los clásicos del disco Parade de 1984 “Highly strung” y “Only when you leave”, los cuales empezaron a remover el ambiente del auditorio bilbaíno.

Luego del recuerdo juvenil de “Round and round” se inició la segunda parte del show, la más floja de todas, en donde presentaron los otros dos nuevos singles –composiciones de Gary Kemp con marcado estilo comercial pero sin mayor pegada- y un set dedicado a The Blitz -templo londinense de los new romantics donde empezaron a hacer conocidos- con canciones de su primer álbum de marcado tinte synthpop, las cuales sonaron bastante anacrónicas con los trajes que llevaban puesto la mayoría de los integrantes de la banda.

La tercera parte comenzó sólo con el canto de Tony Hadley la guitarra de Gary Kemp. Ambos brindaron uno de los momentos más hermosos de la noche con el acústico “Empty spaces” y la primera estrofa de “Gold”. Despues se les unieron el resto del grupo –John Keeble, Steve Norman y Martin Kemp- para ofrecer con generosidad, uno tras otro, sus temas más emblemáticos como “I’ll fly for you”, “Instinction”, “Communication”, “Lifeline” y la archiconocida “True”, en el que Hadley hizo algunos arreglos diferentes a la versión original, lo que trajo alguna molestia y confusión a los que nos rompíamos la voz intentando acompañarlo.

Dejaron para el bis la preciosa “Through the barricades” y cerraron –ahora sí de manera completa- con la gigantesca “Gold”, donde Tony volvió a decirme que era indestructible –estuve en uno de los palcos laterales, el más cercano al escenario, y pude establecer contacto visual en varios momentos tanto con Hadley como con Martin Kemp-. También quedó para el recuerdo cuando Hadley hizo subir al escenario a una niña de la primera fila en la última parte de la canción. Más que ella, que no sabía muy bien para qué estaba ahí, la emocionada fue su madre quien no paraba de sacar fotos a su hija con su banda favorita.

Aunque se echó en falta un mayor apoyo visual -como las imágenes de fondo que presentaron en la gira de reencuentro del 2010 en Barcelona– la sensación final fue altamente positiva, con una puesta en escena bastante preparada y mucha complicidad entre los propios músicos. Párrafo aparte para el multiinstrumentista Steve Norman –saxo, percusión, guitarra, clarinete- quien se llevó las mayores palmas del reciento, en especial las que provenían del público femenino.

True en el concierto de Spandau Ballet en el Palacio Euskalduna en Bilbao

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