Elecciones de aquí y allá

Elecciones de aqui y alla

Siempre he creído que aquél que no ejerce su derecho a voto no puede quejarse de los gobiernos elegidos por aquellos que sí lo hicieron. En el caso peruano, donde votar es obligatorio, asociaba la misma idea con los que decían que marcarían nulo o en blanco –esos votos casi siempre ayudan a los que están en el poder-. Por eso, luego de varios años viviendo en España, lo de poder ir a votar era una de las cosas que más me ilusionaba cuando obtuve la nacionalidad. Y en este 2015 he vivido las elecciones tan involucrado y con tanto nerviosismo como las presidenciales del 90 o del 2000 en el Perú. Los resultados y el análisis político del 24M están en todos los medios. Yo me quiero enfocar en otros aspectos, en aquellos que ocurren alrededor de las elecciones; en detalles que todavía, con una década de expatriación voluntaria, me siguen sorprendiendo.

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Desde que vivo en España esta ha sido la campaña electoral con más vidilla. A diferencia de los aburridos comicios para el parlamento europeo del 2014, este año, para la elección de alcaldes y presidentes autonómicos, los medios han hecho el mayor despliegue informativo desde la época de la transición, con encendidos debates en primetime y declaraciones por doquier de una fauna de personajes –de todo calado ético y moral- pidiendo el voto gritando, cantando, o hasta bailando. Si ya teníamos a la política en el desayuno, el almuerzo y la cena, asumo que de aquí hasta las generales de noviembre, la ración se incrementará hasta las recomendadas cinco comidas diarias. Y los fines de semanas más, que ya se terminó el futbol y sus principales competiciones. Al menos es mucho más divertido escuchar a los contertulios políticos que a los de la prensa del corazón, tan venidos a menos en los últimos tiempos (aunque Eduardo Inda parezca la versión con traje de Belén Estaban).

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En Perú, cada vez que se realizan elecciones de cualquier tipo –locales, regionales y presidenciales- se decreta la “Ley Seca”. Desde las 8 de la mañana del sábado hasta la misma hora del lunes siguiente está prohibida la venta de bebidas alcohólicas en restaurantes, bares, tiendas y supermercados. La realidad es que la noche del sábado previa a cualquier jornada electoral debe de ser de las fechas en las que más se bebe en todo el año. La gente se atiborra de botellas el viernes para pasar el sábado en casa, ya sea con la familia o con amigos. En España se puede beber durante la jornada de reflexión sabatina –qué mejor que hacerlo con una cerveza o un buen Gin Tonic entre amigos- e incluso el mismo día de la votación. Aquí en Bizkaia, las cuadrillas se juntan como si fuera cualquier domingo –da lo mismo si has votado o no- para tomar el vermú y comentar de las cosas verdaderamente importantes: ¿Podrá el Athletic de Bilbao ganarle la Copa del Rey el próximo sábado al Barcelona?

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Lo del voto secreto asumo que también es bastante relativo dependiendo de dónde te toque hacerlo. En mi caso voy a la escuela pública del pueblo -el único lugar de votación- en donde solo existen tres mesas electorales. En España se utilizan papeletas, esto es, se toma la del partido al cual quieres votar, lo pones en un sobre y luego lo ingresas en la urna. Pero no existe una cámara secreta, ni siquiera un rincón con un biombo armado con pupitres escolares. La mesa con los sobres y todas las papeletas están al descubierto, sin ningún tipo de barrera que las oculte. Los menos traen su voto desde casa –los partidos envían a las direcciones postales sobres oficiales con la papeleta del partido dentro -, pero los más están a merced de cualquier curioso –en el mejor de los casos- que se fija si tomas una papeleta de la derecha, del centro o de la izquierda (¿estarán ordenados por ideología política?). Ojalá no sea de aquellos a quien encuentres más tarde en la calle y te salude de forma recelosa, mosqueado por no compartir sus mismas ideas.

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Pero quizás el caso más curioso de entender es el papelito tapa-urna. Se trata de una hoja de papel -que puede ser tamaño A4, un sobre de votación o cualquier impreso– con el que un miembro de mesa tapa y destapa cada vez que un elector deposita su voto en la urna. ¿Cuál es su función, qué no escapen los sobres? Seamos más serios (si se puede): ¿Que no se pueda ver el voto que se acaba de ingresar? No creo que sea por ello porque la urna es transparente por sus cuatro costados. ¿Que la mesa electoral se asegure que nadie meta más de un voto? Quizás, pero sería bastante improbable –por no decir idiota- que las tres personas sean tan distraídas y no se percaten del fraude. Y así lo fuera, ¿no podrían los encargados de la logística electoral pedir al proveedor de las ánforas que le ponga una tapita? Debe ser que estamos en austeridad y ese superfluo artilugio cuesta una barbaridad. Será por eso.

Este es un sketch de hace algunos años de un programa de humor de la televisión vasca. Verán lo de beber alcohol el mismo día de las elecciones y el famoso papelito tapa-urna.

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