Joaquín Sabina (4.5)

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Concierto ejecutado con una precisión de relojería. El setlist, los tiempos, los silencios, las idas y vueltas de Joaquín, sus declamaciones al auditorio, las luces, la escenografía, el sonido. Todo llevado con pulcritud, sin espacio para el error pero tampoco para la improvisación. Porque lo único que se salió de las reglas fue el público que en la última media hora se liberó de la rigidez de las butacas y salió a los pasillos para bailar y cantar, llevando a algunos hasta el extremo de la afonía. Pero ello no fue suficiente para redondear un concierto que de por sí ya llevaba desde el arranque al menos medio punto de desventaja.

Porque los tan de moda “conciertos de homenaje a un disco” se hacen así, a todo un álbum completo y con las canciones en orden. Y en esta gira estaban fuera el rap “Como te digo una co’ te la digo la o’” –que tampoco es que fuera una perdida lamentable- y la divertida milonga con fuga de rumbita “Dieguitos y Mafaldas” –que parece que sólo tiene cabina en la Argentina-. Si a eso se le suma que uno de los mejores temas del “19 días y 500 noches” –“El caso de la rubia platino”- no la interpreta Sabina sino uno de los componentes de la banda –Jaime Asúa, haciendo su mejor esfuerzo en una desvalorizada y edulcorada versión-, no iba a ser posible que el resultado final alcance el máximo grado de perfección.

Pero lo cierto para este cronista es que en otros casos esta lógica ortodoxa hubiera sido mucho más demoledora. En cambio, la sensación al cierre del recital fue de éxtasis total, de emociones que llegaron al máximo, de más de dos horas que parecieron interminables, lleno de grandes momentos, con canciones imposibles de cantar debido a la imposibilidad de desatarme el nudo de la garganta, y en otros casos, al llanto que me impedía completar una dicción decente.

Porque es imposible no rendirse a las lapidarias frases de “A mis cuarenta y diez” y ”Tan joven y tan viejo” –esta última cantada por Antonio Garcia de Diego-, a las melodías políticamente correctas de “Una canción para la Magdalena” y “Aves de paso”, o a las canciones que forman parte de mi personalidad como “Peces de ciudad”, “Mas de cien mentiras” y “Pastillas para no soñar”. Fue el colofón perfecto para una linda tarde repleta de amistad. Fue maravilloso ver a Joaquín -con sus más de cuarenta y veinticinco años- y a su banda en plena forma, haciéndonos vibrar como lo han hecho desde hace dos décadas.

Los mejores conciertos que he visto de Joaquín en mi vida fueron justo durante la presentación del “19 días y 500 noches” en México y Argentina. Quince años después, este del BEC ha sido el mejor que he visto desde entonces. Y me parece que ninguno que haga en un futuro –cada vez más difícil de materializar pero no imposible a la luz de los hechos- se le va a poder igualar.

Extracto de “Más de cien mentiras” en el BEC de Barakaldo el 14 de marzo del 2015.

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