La Gran Belleza (La Grande Bellezza) (2.5)

14.03 La Gran Belleza.01Retrato de la eterna Roma y sus más excéntricos habitantes.

Fuera del circuito independiente, el cine norteamericano puede considerarse como una industria del entretenimiento en contraposición con la consideración más artística del cine europeo. Mientras en los EE.UU. los guiones suelen seguir la estructura clásica de planteamiento, nudo y desenlace –aunque todo se resuelva en los últimos cinco minutos- en Europa su esquema es más caótico, no hay una diferencia clara de las partes y los finales son frecuentemente más abiertos. Esto puede provocar que al espectador promedio una obra maestra para los críticos como “La Gran Belleza” no sea más que una hermosa experiencia visual y poética aunque, en mi caso, la recuerde más como una película larga y sin mayor trascendencia.

La belleza de la capital italiana brilla gracias a la cinematografía de Luca Bigazzi y a los planos generales que nos ofrece el director y guionista Paolo Sorrentino. Dentro de esa Roma de la clase alta, de noches de desenfreno y bailes al ritmo de Raffaella Carra samplerizada, surge la figura del escritor y periodista Jep Gambardella –notable actuación de Toni Servillo– quien a sus 65 años se replantea su acomodada vida de bohemia y fugaces relaciones para embarcarse en la búsqueda de algo diferente, digno de ser reseñado en una nueva novela. Durante esta transformación interactúa con personajes falsos, vacíos, de mucha imagen pero con poco contenido interior. Así es como desfilan frente a la cámara artistas de vanguardia, intelectualoides y altos representantes del clero, todos ellos bajo la crítica mirada y ácida lengua de Gambardella.

A pesar del interés que suscita los primeros minutos la cinta transcurre de manera cansina y repetitiva, como una serie de episodios aislados que no llevan a ningún destino concreto. Se dice que el primer corte de la película duraba más de tres horas. A mí la última media hora de los 140 minutos finales se me hizo interminable. La teatral voz pausada de Gambardella está llena de poesía, quizás demasiada para alguien más cercano a la prosa. Y el film está bañado de una grandilocuencia del cual muchos han disfrutado –todos los premios recibidos certifican su calidad- pero que a mí me pareció artificialmente inflada. Casi como la caricaturizada sociedad que la película pretende desenmascarar.

Tráiler de la película, aquí

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