Last dance – Donna Summer

Last Dance - Donna Summer

“I need you, by me,
beside me, to guide me,
to hold me, to scold me,
‘cause when I’m bad, I’m so, so bad”

Paul Jabara

“Last dance” de Donna Summer fue un hito en la historia de la música disco. Formó parte de la banda sonora de la película “Gracias a Dios es viernes” y consiguió el Oscar y el Globo de Oro a la mejor canción original en 1978. En esos años la entonces “reina de las discotecas” sacaba un éxito tras otro y en casa era una de las cantantes favoritas de mi tía, quien incluso llegó a hacerse la permanente tratando de emular el peinado de la diva.

La canción tiene un melancólico inicio que en menos de un minuto se transforma en una efervescente melodía que hasta al más circunspecto le invita a bailar. A mí me gustaba mucho desde niño pero pasarían varios años para que dos situaciones la convirtieran en una de mis preferidas de todos los tiempos.

La primera fue en mayo de 1999. El banco en el que trabajaba nos envió a un grupo de usuarios y técnicos a un curso para aprender a manejar un nuevo sistema de información. Para mi mayor suerte, las clases fueron en Orlando, la meca para todos los que somos amantes de los parques de atracciones. Todo el viaje fue un cóctel de nuevas sensaciones: era la primera vez que salía del país, la primera vez que volaba por trabajo y la primera vez que visitaría uno de mis destinos soñados.

El tiempo me dio para visitar al menos un par de parques a la salida de las clases. Pero mi mejor recuerdo fue una noche en la que fuimos el grupo completo a Pleasure Island, un lugar lleno de restaurantes, teatros y discotecas que se caracterizaba por celebrar año nuevo todos los días. En medio de los fuegos artificiales y conciertos al aire libre, la gente podía escoger entre clubes de jazz, salones con música country y otros siete locales de temática diferente. Nosotros terminamos la noche en la discoteca de los setenta: una gran pista de baile con música disco ambientada en tiempos del Studio 54 de Nueva York.

Poco antes de la una de la mañana, el disc-jockey cierra la noche, de manera oportuna, con el “último baile” de Donna Summer. El tema nos encuentra a mí y a una joven promesa del banco, ahora exitoso gerente, subidos en una tarima con una botella de cerveza en la mano, inventándonos una divertida coreografía y coreando “let’s dance the last dance” frente a una muchedumbre que nos celebra enfervorizados. Estuvimos en lo más alto durante los más de tres minutos que dura la canción. Como suele suceder, ni él ni nadie de los que nos acompañó hicimos algún comentario al respecto a nuestro regreso.

La segunda es mucho más reciente. En junio volví a México después de varios años y quise reencontrarme con algunos amigos para pasar el fin de semana en la capital federal. Mi intención para la noche del viernes era ir a un bar donde tocaran en vivo covers de rock clásico. Después de pasear por media ciudad, yendo a sitios que ya no existían o que se habían transformado en casinos o puticlubs, aterrizamos en “Sixtie’s”, un lugar al cuál en un principio nos habíamos negado porque “ahí sólo va gente que quiere ligar”.

Estaba repleto, muy animado y con más grupos de amigos que almas solitarias pululando por la barra. En el escenario unos músicos, liderados por una negra con vozarrón, tocaban “Livin’ on a prayer” vestidos elegantemente de negro con corbatas blancas y sombreros panamá. Era lo más parecido que íbamos a encontrar a esas horas a mi idea inicial. Nos relajamos, disfrutamos del show y al poco rato ya estábamos integrados al ambiente de fiesta. Luego de varios éxitos de diversos estilos la negra de poderosa tesitura nos dice que la que sigue es la última canción y nos invita a volver a verlos la próxima semana.

Empieza a cantar muy suave a la manera de Summer “Last dance, last chance for looove”. Otra vez veo que la gente se va para arriba y se ponen a cantar. A mitad de la canción, la negra de portentosa voz invita al escenario a algunos de los bailantes más efusivos. Y me llama a mí. Corro al escenario, me planto al lado de ella y me robo la atención de los asistentes con mis coordinados pasos de baile al ritmo de la sensual y alegre melodía. Termino ovacionado, la negra me dice “muy bien” mientras me despide con un beso y vuelvo con los míos a festejar otra improvisada actuación. Había conseguido impregnar de otro gran momento a una gran canción.

En este video Donna Summer canta “Last dance” en un concierto de 1978

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