Praga Top Five

Siempre había querido ir a Praga. Recomendada por muchos como una de las capitales más bellas de Europa, para mí tenía una motivación adicional: la cerveza. Pueblos como Plzeň o České Budějovice han elaborado algunas de las variedades más reconocidas en el mundo como la Pilsner Urgell o la Budvar.

Así que esta visita tuvo una parte turística, la que trataré de resumir en este ranking con los must-see imperdibles de la capital checa, y otra, la que sólo podré registrar en mi memoria, dedicada a probar la Staropramen, la Gambrinus y en especial la Velkopopovický Kozel, cuya pronunciación es tan exquisita como su fuerte y fino sabor.

5. Las orillas del Río Moldava

 

El río Moldava parte a Praga por la mitad y en ambos lados de la ribera existen restaurantes y lugares en donde te puedes tomar una cerveza y comer una salchicha o una generosa porción de prosciutto local. La foto corresponde a uno que se encuentra a espalda del Teatro Nacional: largas mesas que tienen como música de fondo el blues que le viene en gana a un flaco y su guitarra. Estaría en posiciones superiores de esta lista si no fuera porque el tiempo se nubló de repente y no nos permitió subirnos a los divertidos pedalones que surcaban el río. Habrá que volver.

4. Teatro negro de Praga: Rock Therapy 
Praga está orgullosa de su Teatro Negro y en la ciudad existen muchas alternativas y de distintos estilos. Nosotros fuimos al Animato Theater, donde presentan desde hace mucho tiempo un espectáculo basado en la música de los Beatles y la iconografía de su “Yellow Submarine”. La sala es pequeña pero muy acogedora, decorada con retratos de John, Paul, George y Ringo. El espectáculo mezcla varios géneros teatrales como la pantomima y las tradicionales marionetas. Los efectos visuales crean escenas muy logradas que junto con la música te transportan a un mundo de fantasía con espíritu hippie.
 
3. El Callejón del Oro 
El Castillo de Praga corona la ciudad y en su interior se encuentran edificios emblemáticos, dignos de visitar, como el Palacio Real y la Catedral de San Vito. Para nosotros, lo más destacable del complejo fueron estas pintorescas casitas que fueron hogares de los orfebres durante el siglo XVII. Se reproduce la disposición de los muebles en esos reducidos espacios, y en la planta superior hay una exposición de armaduras y armas medievales, en donde además puedes disparar una ballesta. Algunas de las casas se han transformado en coquetas tiendas de artesanía y en la número 22 una inscripción recuerda que Franz Kafka vivió en ella durante una temporada. Como para entender más de dónde provenía su atormentada inspiración.
 
2. The Jazz Boat
Opciones para recorrer el Moldava en barco hay muchas y a todas horas. Pero el Jazz Boat es la opción de mayor éxito para navegar, cenar y escuchar música en vivo. Durante dos horas y media recorre el Gran Praga acompañado de una banda que cada día toca un estilo diferente de jazz cada día. A nosotros nos tocó standard & latin jazz, con una cantante checa que además festejaba la medalla de bronce de su hijo en las recientes olimpiadas de Londres. El precio es similar a una cena de cualquier restaurante promedio y consta de entrada, segundo y postre con opciones de cerdo, pollo y vegetariano. Las mejores (y únicos) edificios iluminados están en el centro histórico pero todo el paseo es memorable y es una muy buena opción para una romántica cena.
 
1. El Puente de Carlos IV
Solo tiene quinientos metros, pero cruzarlo podría tomar más una hora. El corazón de Praga está en el medio del río. Infinidad de turistas diariamente desfilan por sus piedras y disfrutan de las vistas, de los puestos artesanales y de los músicos ambulantes que pueblan la zona. Son también destacables las treintas estatuas que decoran ambos lados del puente, en particular la de San Juan de Nepomuceno (donde según la tradición hay que palpar el relieve del santo o del perro contiguo para tener buena suerte) y la de los Trinitarios quienes custodian una celda habitada por estatuas de cristianos encarcelados. Lindo paseo, mucho mejor si te acompaña un día soleado y encuentras el regalo perfecto para esa persona especial.

Hay más cosas que se deben conocer en Praga, como los pequeños y curiosos museos del comunismo y de los instrumentos de tortura medievales, la Galería Nacional, la Colina Petrín y su reproducción de la Torre Eiffel, entre otros. Es una ciudad que puede conocerse en tres o cuatro días y con precios que en general están por debajo de la de otras majestuosas capitales europeas. Conviene cambiar las coronas checas con anticipación y visitarla entre junio y setiembre para alejarse de las bajas temperaturas. Es una ciudad que vale la pena conocer y que ofrece mucho para disfrutarla y recordarla siempre.

Aquí tienen un video con nuestro viaje condensado en lo que dura una conveniente canción.
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