Pongamos que hablo de Joaquín (el autor del libro)

jscarbonell[1]

Joaquín Carbonell, mejor conocido como “Tolito” para los parroquianos de “El Templo del Morbo“, años atrás amenazaba con sacar un libro acerca de Joaquín Sabina, escrito a partir de sus propias experiencias y producto de sus muchas entrevistas y fuentes periodísticas. Parecía que nunca llegaría a verse publicado pero de repente y sin ninguna expectativa, “Pongamos que hablo de Joaquín – Una mirada personal sobre Joaquín Sabina” aparece en las librerías y es motivo de tertulia en espacios radiales y de críticas en algunos diarios.

Mi primera impresión, sin aún tener el libro, fue que el avispado Tolito sacaba a toda prisa su voluminosa obra de 537 páginas aprovechando el tirón del próximo estreno del musical “Mas de cien mentiras” (cuya crítica me reservo para un próximo mensaje) y del anuncio de los “pájaros” Serrat&Sabina para un nuevo disco a fines del 2011. Pero además, por lo que venía leyendo y escuchando, no me daba buena sensación lo que se estaba resaltando del libro, a saber, los desplantes de Joaquín a algunos de los que se consideraban sus amigos, los exabruptos y malas formas con la que habría acabado amistades y relaciones, y el volver a sacar a relucir su pasado canalla “pre-marichalazo”.

Aún así, tenía que comprar el libro por Joaquín y por Joaquín, y afortunadamente mis miedos poco a poco se fueron transformando en placer. Tolito relata la vida y obra de Sabina con mucho mayor oficio y de manera mucho más entretenida que el “Perdonen la tristeza” de Javier Menendez Flores. Mientras en el último la estructura de todos los capítulos se podía resumir en una hoja de coyuntura política-social, algunas más de vida y anécdotas, y un par final comentando las canciones destacables del disco de esos años, en “Pongamos…” la estructura es más anárquica, agrupando por temas sin importar las fechas, aunque manteniendo como base el orden cronológico de la discografía.

Los que hemos tenido la oportunidad de conocer a Carbonell sabemos que es un gran tipo que además tiene una gran valoración de sí mismo, quizás hasta excesivo en algunos casos. Y eso se refleja en “Pongamos…”, asociando con Sabina muchas de sus aficiones, influencias y predilecciones personales. En varios pasajes es como si estuviera viéndose en un espejo, presentando semejanzas que son ciertas o a veces forzadas. Por ratos parece que se está leyendo una autobiografía disfrazada de biografía. Pero es que luego entras en cuenta que se trata de Joaquín Carbonell, periodista, presentador y cantautor anterior a Sabina, quien incluso le pidió un autógrafo cuando aún no era un fenómeno de masas. Y reconoces que el tipo tiene muchas cosas para contar y arte para escribirlas.

De esos de primeros años de la vida artística de Sabina es de donde se nutre mucho y mejor la biografía, periodo que se extiende hasta finales de los ochenta. Tolito conoce a la gente que estuvo en sus inicios, porque es la gente que él también conocía y porque él también era parte de la esa gente que se conocía. Estuvo en sus primeros conciertos, le acompañó varias noches de bohemia y estaban en contacto con frecuencia. Material más que suficiente para retratar, de primera mano, sus facetas personal y musical. A todo eso hay que agregarle una abundante documentación basada en recortes periodísticos de España y de Latinoamérica, y de largas entrevistas cuidadosamente diseccionadas según el tópico a tratar.

Respecto a “El Templo del Morbo”, como parte de ese “Universo Sabina” que también se ha querido plasmar, este aparece por lo menos en tres ocasiones: el resultado de una encuesta que se hizo acerca de las mejores y las peores canciones publicadas hasta antes del “19 días y 500 noches”; el posavasos, que es la imagen la lista en yahoogroups, aparece entre las fotografías de las páginas centrales; y una generosa mención a un servidor cuando refiere que “… fue creada para que el amigo peruano Kikín fundara un club de admiradores…”

Resumiendo, un libro que se lee con calma y con gusto, con ese morbo justo y necesario para devorar su lectura, y suficiente para no convertirse en un rosario de quejas y rencores, sino más bien, en una descripción lo más parecida a la realidad del personaje del bombín.

Pongamos que hablo de Joaquin.02

Joaquín Carbonell, nuestro amigo Ferchu y un servidor en la casa de Zaragoza del autor en abril del 2009.

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