Los primeros tres minutos

“En los primeros tres minutos se escribió la historia.
Precisamente todo está pasando aquí y ahora”
Gustavo Cerati

– No te puedes ir.

– ¿Y me puedes decir por que?

– Porque no quiero que te vayas.

– ¿Y siempre se hacen las cosas como tu quieres?

– La verdad que no siempre.

– ¿Y que te hace pensar ahora será así?

– Porque tú me quieres.

– Sí, te quiero, lo sabes, pero también sabes que he estado mucho tiempo tras de esto.

– Sí, lo sé. Sé todo lo que has trabajado para poder regresar a España.

– ¿Y entonces?

– ¿Y entonces qué? Sé también todo lo que has hecho para que en este momento te esté pidiendo que no te vayas.

– ¿Un poco tarde, no?

– Quizás. Pero de todas formas no ibas a dejar la idea de irte a trabajar a España.

– ¿Cómo lo sabes?

– No mientas César. Es lo que has estado buscando todo este tiempo. Y sabiendo eso, no deberías haber hecho todo lo que estuviste haciendo conmigo.

– Nunca te oculté absolutamente nada y he sido totalmente sincero contigo.

– Sí, no estoy diciendo lo contrario. Pero no tenías derecho a tratar de conquistarme si finalmente te ibas a ir del país por no se cuánto tiempo o quizás para siempre.

– Si sabías que estaba tratando de conquistarte, ¿por qué entonces permitiste que continuara de ese modo?

– ¡Porque no pensé que llegaría a esto! Porque al principio, sí, me di cuenta que no venías únicamente con la intención de ser mi amigo; pero igual, pensé que lo podía manejar y además me sentía muy bien contigo, aunque sea sólo en plan de amigos. Pero al final empecé a sentir algo distinto, algo que no pensé que me iba a ocurrir.

– ¿Y desde hace cuánto tienes esa sensación distinta?

– Desde hace algún tiempo.

– ¿Cuánto?

– ¿Importa?

– Sí, importa.

– ¿Por qué?

– No sé, de haberlo sabido antes quizás no estaríamos en este momento discutiendo sobre si me voy o no me voy.

– No mientas César, tu te ibas a ir sí o sí. ¡Mierda! lo peor de todo es yo sabía que esto pasaría y lo deje pasar.

– Lo siento Lizzy, nunca fue mi intención llevarte a esta situación.

– ¿Lo sientes? César, no puedes hacer esto, no puedes hacer estas cosas. No puedes sorprenderme cada vez que se ocurra, no puedes tener todos esos detalles conmigo, no puedes estar ahí cuando te necesito o cuando no te necesito, no puedes hacerme reír con las tonterías que hablas, no puedes hacerme sentir tan bien cuando estoy a tu lado, no puedes hacer que te extrañe por las noches, o que este esperando tu primera llamada o tu primer mensaje en el Messenger. César, no puedes hacer estas cosas si sabes que al final te vas a ir, y finalmente lo que sienta yo por ti te tiene sin ningún cuidado.

– Eso no es verdad.

– ¿Como que no es verdad? ¿No te estas yendo acaso importándote tres pepinos lo que sienta por tí?

– ¿Y finalmente que es lo que sientes por mi?

– ¿Te importa ahora? César, tu sabías que esto iba a pasar, que finalmente yo estaría sintiendo mucho mas que amistad contigo.

– La verdad que no, no lo sabia. No estaba seguro que finalmente iba a poder llegar a ti.

– ¿Como que no sabías? Déjame decirte que además de lento, muy perspicaz tampoco eres.

– ¿Y siendo así de lento, por qué has llegado a esa situación conmigo?

– ¡No lo sé! A mi también me gustaría saberlo. Pero lo que si se y estoy segura es que no quiero que te vayas, no quiero que te vayas a trabajar a España, no quiero dejar de verte, no quiero dejar de saber de ti.

– Estaremos en contacto vía correo, vía Messenger…

– ¡No! ¡Sabes que no me refiero a eso, maldición!

– Lo sé, lo sé. Lo que pasa es que yo mismo no sé si estaré haciendo lo correcto o no.

– ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué hiciste que esto pasara?

– Porque me encantas, porque me gustas muchísimo, porque siempre me pareciste una mujer muy guapa, muy interesante; porque cuando tuve la oportunidad, por fin, de hablar contigo, no deje pasar la ocasión e hice que te cayera bien, que me puedas considerar como un amigo, que me permitas poco a poco entrar en tu mundo y disfrutar mucho mas de ti, de tus conversaciones, de como abres los ojos cuando estas contenta o de como sonríes y hasta te abochornas cuando te doy algún regalo o de lo lindo que te quedan tus tiritas o de como disfrutas cuando estamos solos en tu casa cocinando o haciendo cualquier cosa. Por eso, porque no quería perderme eso, porque como te lo dije alguna vez, lo único que quería era estar a tu lado, pasar todo el tiempo que pueda contigo, hacerte sentir la mujer más feliz del mundo, aunque tu sólo me trates o me consideres como amigo.

– ¿Y si pensabas todo eso, por qué lo quieres tirar todo por la borda ahora?

– No lo sé. Me imagino que porque así tiene que ser, porque así son las cosas. Porque, ya te lo dije, este tipo de situaciones sólo me pasan a mi, porque…

(…)

– ¿Y eso?

– Un beso. ¿No te gustó?

– Claro que me encanto, pero…

(…)

– Esto nos pone las cosas mas complicadas aún

– Para ti. Para mi no. Yo estoy segura de lo que siento y de lo que quiero. Te quiero y no quiero que te vayas.

– Yo también estaba seguro de lo quería.

– ¿Y ahora de que estas seguro?

– Sólo de una cosa: que estoy enamorado de ti.

– Y yo de ti, ¿y ahora que hacemos?

– No lo sé Lizzy, no lo sé. ¿Lo conversamos con un café?

– De acuerdo. Te espero abajo. ¿Por qué siempre nos pasan estas cosas?

– No lo sé Lizzy, no lo sé.

Lima, Enero 2006

Los primeros tres minutos

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