El donante

Ricardo fue el primero en ver el afiche en la puerta de la cafetería en donde el y sus amigos solían comer luego de las clases de la mañana. Como era natural, el chiste y la broma fácil aparecieron inmediatamente. Alberto, que también participaba del momento, sin embargo se quedó pensando en una de las frases del anuncio. “Retribución: 36 euros”.

Alberto era peruano y había llegado a España para estudiar una Maestría en Administración de Empresas. Era una carrera a tiempo completo, por lo que Beto, como lo llamaban sus amigos, tuvo que buscar varios recursos financieros que le permitieran pagar el costo del curso así como la manutención de los dieciocho meses que pasaría fuera de su país. Sabía que durante ese tiempo no recibiría ningún ingreso adicional y por lo tanto su presupuesto debía cumplirse al centavo. Pero ya habían pasado cinco meses y Beto se dio cuenta que, aun teniendo ya muchas limitaciones, el presupuesto no le alcanzaba y poco a poco se le iba reduciendo la reserva con la que contaba para alguna emergencia.

Por ello si bien, la idea de ser “Donante de Semen” le pareció muy divertida, vio en ella también una posibilidad de hacerse de un ingreso adicional, prácticamente sin un mayor esfuerzo, que le permitiera llegar a fin de mes sin complicaciones y quizás hasta dándose algún gusto de los que se venia privándose desde su llegada.

Un día que fueron a la cafetería solamente Ricardo y Beto y en un momento de descuido del primero, el segundo tomo nota del teléfono del aviso y lo guardo sin hacer mayor comentario. Sentía vergüenza de que alguien supiera que a sus 29 años estaba dispuesto a hacer una donación de ese tipo. Al regresar a la escuela Beto decidió hacer la llamada, no sin antes asegurarse que no había nadie alrededor del teléfono publico y menos algún conocido.

* * *

– ¿Diga?

– Buenas tardes, llamo por el anuncio.

– ¿Perdón, me puede repetir?

– Que llamo por el anuncio

– ¿El que? Disculpe pero no lo escucho, ¿podría hablar mas fuerte?

– La verdad es que no.

– Pues entonces si no me dice que quiere no podré ayudarle en nada. Por favor seria tan amable de…

– ¡QUE LLAMO POR EL ANUNCIO!

– ¡Ah, el anuncio! Si, dígame… pero… ¿Cuál anuncio?

– El de donante de semen.

– ¿El que?

– ¡EL DE DONANTE DE SEMEN!

– Ah, sí, el de donante de semen. Pues dígalo así de claro que si no le entiendo. A ver, denme su nombre y apellido.

– Alberto Ríos. ¿Me podría decir cual es el tramite a seguir?

– Al… ber… to… Ri… os… Bueno, pues tiene que pasar primero por una cita con el doctor. ¿Le parece bien el viernes a las cinco de la tarde?

– Hoy es lunes… déjeme revisar mi agenda, no vaya a ser que tenga clases… no, no tengo… ok… de acuerdo.

– Bueno, entonces lo esperamos el viernes a cinco de la tarde. Hasta luego.

– Muchas gracias. Pero señorita, ¿tengo que llevar algo… o hacer… o dejar de hacer algo mientras tanto?… no sé, alguna dieta, no comer tal cosa o comer tal otra… o no beber alcohol o no tomar medicamentos o… ¿señorita?… ¿señorita?… ¡ya colgó la muy puta!

* * *

El viernes había llegado y si bien Alberto no tenía mayor idea que la del anuncio acerca de lo que estaba dispuesto a realizar, estaba preparado para aquella cita. El asunto le pareció demasiado personal así que decidió no comentárselo a nadie aunque en un par de ocasiones estuvo a punto de delatarse ante sus habituales amigos de la cafetería. En la escuela verifico el lugar y la línea de metro que le permitía llegar a la clínica. Quedaba a cinco o diez minutos a pie desde la estación más cercana. Regreso a casa, tomo una ducha, se cambio de ropa interior, aunque exactamente no sabia por que, y salió rumbo al metro. Le tomaría unos quince minutos llegar a su destino. Mientras esperaba el metro, Beto reflexionaba acerca de la entrevista que tendría con el medico, y las preguntas que este podía hacerle. Y estaba muy seguro de cual seria la primera que le haría.

* * *

¿Qué por que estoy aquí?… pues, a ver… si le digo que solo vengo por los 36 euros, seguro que de primera impresión me vera como un sudaca cualquiera muerto de hambre y sin dinero, que esta aquí solo por la plata y que no tiene mayor idea de trabajo que el de correrse una cuantas pajas… ¿y si se la pongo mas bonito?… digamos algo así como “mire, digamos que yo soy un amateur con muchos años de experiencia en la materia y si bien ahora con los años y con la novia he dejado la practica con una cierta frecuencia, creo que no he perdido ciertas habilidades y que podría ser un profesional que cumpla con éxito todas las expectativas planeadas”… ¡si hasta parece de curriculum! jajaja… ok pongámonos serios… digamos que estoy estudiando letras y que en el curso me han mandado a hacer un estudio antropológico acerca de algún tema de actualidad relacionado con la sexualidad y quisiera tener el mayor acercamiento posible con el desarrollo del caso que he elegido, que tiene que ver con los problemas de infertilidad en las parejas… ¿qué tal?… ¿demasiado técnico no?… y si luego me empieza a hacer mas preguntas sobre el tema llegará un momento que ya no sabré que responder… claro, ¿qué mierda te han enseñado de eso en Ingeniería?… olvídalo… mejor lo dejas en que simplemente te pareció interesante y que siempre has estado dispuesto a las donaciones… que cuando muera he autorizado a que utilicen de mi cuerpo los órganos que necesiten ser transplantados a alguien… aunque no creo que queden muchos pero bueno… ¡y que 36 euros no vienen nada mal!

* * *

Alberto salió del túnel del metro y se dirigió hacia el consultorio. Mientras caminaba seguía pensando en la entrevista y entre otras cosas, en cómo seria la sala en donde tendría que hacer el acto masturbatorio. Se preguntaba si habría un sillón o una cama o si simplemente seria un baño común y silvestre. Si habrían revistas o películas pornográficas a su alcance de manera que pudieran estimularlo en ese momento o si tendría que hacerlo simplemente utilizando su imaginación. Y si fuera así, ¿a qué mujer pondría en sus pensamientos en ese trance? ¿a su actual novia o a la anterior? ¿a aquella “coleguita sexual” de hace algunos años o a la morena que tuvo en esa noche de verano en las playas de Lima? ¿a aquella amiga con la que nunca paso ni siquiera un beso o con aquella de quien se entero mucho después que quería hacerlo esa noche en la que él estuvo borracho? ¿con Britney Spears o con Penélope Cruz? ¿con Barbie o con alguna de esas chicas que salen en los “anime” japoneses de adultos?

Los pensamientos de Alberto tuvieron que truncarse al llegar a la puerta de clínica. Le recibió una enfermera quien lo hizo pasar a la sala de espera. Tenia un estilo minimalista, sin cuadros, con tres asientos y un par de revistas medicas. Antes de que se dispusiera a tomar una de ellas, se abrió la puerta del consultorio y una doctora le pido que ingrese. Alberto se puso algo nervioso ya que esperaba que fuera un doctor quien lo atendiese. Su pudor y vergüenza se le reflejaba en el rostro.

* * *
– Buenas tardes Alberto, toma asiento. ¿Cómo estas?

– Muy bien, gracias.

– Mmmm… no tienes acento de acá, ¿de donde eres?

– De Perú, estoy haciendo una maestría aquí en España

– ¡Ah, que bueno! Pues de seguro que será una buena inversión

– ¡Eso espero!

– Seguro que sí. Bien, voy a ser directa contigo. Esta es una institución privada y como tal trabajamos en base a la demanda de parejas que nos van llegando. Y bueno lo primero que hacemos es un estudio antropológico de los posibles donantes para saber cuales son sus ancestros.

– Muy interesante.

– Así es. Y bueno, tenemos los donantes de acá, caucásicos, de raza aria, rubios, etc.. A veces llegan orientales porque tu sabes que los chinos y los coreanos ahora están por todas partes.

– ¡Nos van a terminar invadiendo!

– Sí pues. Bueno, a lo iba, es que tenemos un pequeño problema contigo, ya que al ser peruano no tenemos tus antecedentes antropológicos, y por otro lado, en estos momentos no tenemos demanda de espermatozoides indo-americanos. Quizás mas adelante, ahora que la inmigración esta tan fuerte, puede ser que sea posible, pero no lo puedo asegurar. Por tanto no quiero hacerte perder tiempo y lo lamento. Si deseas puedo quedarme con tus datos y te aviso por si nos llega alguien, ¿esta bien?

– Ni modo, si no hay mas remedio…

* * *

Alberto regresó decepcionado a casa. Sabia que uno de los riesgos que tenia una vez terminado el master seria el de no encontrar un trabajo que le permita redituar la inversión y los gastos que había incurrido en sus estudios. Que además de la recesión económica de los tiempos modernos, el hecho de no ser ciudadano español ni tener pasaporte de la Unión Europea, le cerraría muchas puertas. Pero nunca se había imaginado que su semen indoamericano y tercermundista (o en “vías de desarrollo” como definen los actuales analistas) seria rechazado por no tener demanda en el mercado de la reproducción asistida.

Unos días después, Beto y sus amigos quedaron en comer en la cafetería. Un nuevo afiche había sido colocado en la puerta de la misma. Beto se retraso para leerlo con detalle. Era una campaña para la donación de corneas en caso de fallecimiento. Guardo el nuevo numero telefónico y volvió para reencontrarse con sus amigos. Finalmente, pensó, a un ciego poco le importara si la cornea le perteneció a un estudiante peruano.

Barcelona, Enero 2003
El donante
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Una respuesta a “El donante

  1. Yo primero te hacia una prueba bien personalizada, y si no lo querian, pues me lo llevaba a mi casa.Anónima.

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