Ansioso y terco

Luego de hablar por teléfono con su mamá, quien me dijo que ella había salido con Javier su ex-enamorado, me sentí tan mal que necesitaba encontrar un escape… no sabia que hacer… solo quería despejarme y olvidarme de ella… aunque sabia que iba a ser momentáneo… mas tarde, mañana o en la semana siguiente iba a seguir pensando en ella… y haciéndome muchas preguntas sobre su actitud… el por qué hacia lo que hacia… el por qué me decía que me quería, que me amaba, que me adoraba… el por qué me decía que era lo mas importante que tenia en su vida… todas esas frases como siempre sabían a nada cuando llegaba el fin de semana… “lo siento no puedo salir”… “tengo un compromiso familiar”… “voy a salir con mis amigas que hace tiempo que no las veo”… “ha venido mi abuela de viaje”… y otra vez me sentiría mal… y otra vez deprimido… y otra vez la misma historia… y otra vez a encontrar un escape…

Fui al cine que se encuentra a pocos metros de casa a ver si estaban dando alguna película que me llamara la atención… no encontré ninguna… mas bien lo que encontré fue una fila inmensa de gente que iba al estreno de una nueva película nacional… decidí regresar a casa… “¿y ahora que hago?” me pregunte… seguía intranquilo caminando en círculos en el patio de mi casa… “salgo a manejar, pero a donde” me preguntaba… sin pensar mucho saque mi auto y en ese momento se me ocurrió dirigirme hacia la playa… quería, no sé, sentarme en un peñasco, tirar piedras al mar, ver el atardecer… pensar en cualquier cosa…

Minutos después y algunos cigarrillos menos por fumar, llegue a la playa… me estacione y vi a algunas parejas que en sus vehículos escuchaban música, tomaban cerveza y se daban besos apasionados… me baje del auto, saque mis cigarrillos, un lapicero, esta hoja y me fui a sentar en una piedra que se encontraba en la orilla del mar… se me ocurrió escribir algo de lo que me estaba pasando, de lo que estaba sintiendo en ese momento… me dije “por lo menos sacaras una buena historia a todo esto”… y empece a escribir estas líneas…

Había armado un argumento interesante… sin embargo a mitad de mi relato, mi concentración se perdió por completo… a unos metros de donde me encontraba, en otra piedra, divise a una chica que al parecer también estaba escribiendo algo… de lejos vi que era una joven blanca, delgada que llevaba el pelo corto… me pareció extraño que dos personas tuvieran la misma idea en el mismo lugar y momento… y luego de dudarlo un poco y pensar que finalmente se trataba de una obra del destino me anime a acercarme a ella… algo nervioso llegue hasta un paso tras de ella y antes que le dijera algo ella volteo, me miro, sonrío y me dijo:

– Hola, ¿cómo estas?

Me sorprendió mucho su reacción inicial… que me hable con esa frescura como si me conociera de antes, sin temor a que yo sea un maleante o un ladrón, como si con esa primera mirada se hubiera dado cuenta como soy y que era lo que…

– ¿Que cómo estas? – me volvió a preguntar con la misma sonrisa inicial.

– Eh, bien… ¿qué tal tu?

– Bien también. Ven, siéntate que ya me canse de leer y escribir. ¿Cómo te llamas?

– Eduardo. Yo también estaba escribiendo un poco. ¡Ah! Discúlpame ¿cuál es tu nombre?

– No te preocupes. Me llamo Erika para ayudarte en lo que pueda. Y si no es indiscreción, ¿sobre qué escribías?

– Pues tonteras. Cosas que me pasan y que las escribo buscando que salgan de mí y así me sienta mejor después.

– Es un buen método. Yo también lo uso a menudo. Aunque no necesariamente debes sentirte mal para ponerte a escribir. También puedes escribir cuando te sientes bien. Hoy por ejemplo quise venir aquí donde anteriormente estuve alguna vez que no me sentía bien, como para decirle “mírame, ahora me siento bien y también recurro a ti”. ¿Es justo, no?

– Yo creo que sí. ¿Vienes muy frecuente por acá?

– No tanto. De vez en cuando. Solo cuando es necesario. A ver, muéstrame lo que estabas escribiendo.

– Todavía no lo he terminado

– No importa. Dámelo así nomás.

Y empezó a leer mi relato. Y yo empecé a observarla con mas detalle. Era una chica muy bella y con aspecto muy jovial. No llevaba cartera, solo apenas una cajetilla de cigarros, un pequeño cuaderno y el “Canto a mi mismo” de Walt Whitman. Cuando termino de leer lo que escribí, volteo hacia mi y siempre con la misma sonrisa me pregunto:

– ¿Y como termina?

– No tengo idea. Aun no sabia cómo. Pero creo que le acabo de encontrarle un buen final. – le dije sonriendo y mucho mas relajado.

Y hablamos de muchas cosas, algunas mas trascendentes que otras, pero todas en un dialogo muy agradable, como si fueran dos viejos amigos. Ella le contó de cómo termino la ultima relación amorosa que tuvo, de cuanto tiempo paso hasta darse cuenta que ya no sentía nada por él, de cómo se sentía ahora, de cómo le gustaba tomar el jugo de naranja o de las locuras que hicieron la ultima vez que se juntaron con sus amigos de la Universidad. Yo le conté sobre mi relación con Mariela, de cómo podía ella decir “te amo” a dos personas al mismo tiempo, de mi terquedad con esa mujer que sabia que no era para mi, de mi frustrado intento de ingresar al gimnasio o de la vez en que me quede encerrado en el ascensor del trabajo. Realmente me sentía muy bien conversando con ella… y creo que ella también se sentía así… había algo entre nosotros… ¿como le dicen?… Química creo… no lo se, pero el hecho era que no quería que la tarde se acabara…

Pero se acabó. La neblina llegó al lugar y con ella empezó una fuerte garúa que hizo que nos levantáramos rápidamente, que cada cual cogiera sus cosas y que, muriéndonos de risa, saliéramos corriendo hacia mi auto.

– ¡Que divertido!

– ¡Esto es genial!. Bueno, en donde te dejo.

– No te preocupes, yo me voy sola.

– Pero te vas a resfriar con la lluvia además ya es de noche te puede pasar algo.

– No te preocupes. Recuerda que no es la primera que vengo por acá. Cuídate mucho. Chau.

Cuando termino de decirme eso se me acerco, me dejo un beso y luego salió corriendo por el malecón. Mientras se iba alejando empece a sentirme otra vez nervioso, otra vez intranquilo. Me quede en donde estaba, no hice ningún ademan de correr a alcanzarla. Solo atinaba a gritarle algunas preguntas básicas:

– ¿Cómo te ubico?

– ¡No lo se!

– ¿Tienes teléfono?

– ¡No!

– ¿Nos volveremos a encontrar?

– Tampoco lo se. Solo el destino lo sabe.

Subí al auto y lo encendí con la intención de salir a darle el encuentro. Sin embargo, por alguna extraña razón, no me termine de decidir y me quede dentro, con el motor encendido y fumando un cigarro… la bella Erika solo fue un momento… un único y fantástico momento… la niebla termino por invadir todo el espacio con lo cual tampoco pude fijarme hacia donde se dirigió finalmente. “Solo el destino lo sabe”. Me quede con esa frase en la cabeza durante todo el recorrido a casa.

Como se habrán dado cuenta a través de este relato, soy algo ansioso y terco, así que al día siguiente, luego de una noche en que no logre dormir bien por pensar en todo lo que me sucedió esa tarde, regrese, a la misma hora, al mismo lugar donde la encontré el día anterior. Fui directamente hacia la piedra en donde estuvimos platicando y ella no se encontraba ahí. Decidí esperar un poco a ver si el Destino hacia de las suyas otra vez, pero como suele sucederme siempre que espero algo con ansias, esto no se dio. Estuve como tres horas mirando el mar y fumando cigarrillos esperándola. Erika nunca apareció. Vencido, y ya nuevamente con la niebla y la garúa encima, me dirigí hacia mi auto lentamente pensando con la cabeza gacha en lo estúpido que debo haberme visto ahí sentado en la piedra por tanto tiempo. A poco de llegar al carro, levanto la mirada y automáticamente sentí esa tremenda energía que había sentido el día anterior. Erika, apoyada en mi auto, con el pelo mojado que le caía sobre la frente y con la misma sonrisa de siempre me dijo:

– ¿Estabas esperando a alguien?

Me acerque hacia ella sonriendo también y emocionados los dos nos dimos un fuerte abrazo durante un buen tiempo. En ese momento la niebla se despejo y paró de llover.

Ansioso y terco

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