Santa Felicia

Nunca en mi vida había estado en Santa Felicia. Había estado en Santa Patricia, Santa Margarita y hasta en Santa Domitila pero en Santa Felicia nunca. Qué desgraciado este que me puso la denuncia por choque y fuga en la comisaría de Santa Felicia. ¡Si yo nunca estuve en Santa Felicia! Ni siquiera conozco dónde queda Santa Felicia. Estas cosas sólo me pasan a mi. Seguro que un maldito vio mi carro por ahí, tomó mi placa, fue a la comisaría y me puso la denuncia para que luego capturen mi vehículo y me chantajee pidiéndome algún dinero para su mamá que está enferma o para su hijita que tiene seis días sin comer. Justo me tienen que pasar estas cosas a mi. Vaya suerte. Para colmo, este policía que me guía hacia Santa Felicia parece estar mas perdido que yo. Ya hemos hecho como tres paradas preguntando a la gente que cómo llegamos a tal o cuál avenida. Grandioso.

¡Claro! Ahora que lo miro ya sé porqué la delincuencia en Lima esta creciendo cada día más y más. Viejo, cansado, con una barriga desbordante y con un aliento producto de un pescado a la chorrillana con doble ración de cebolla. ¡A quién va a detener con ese físico! Para colmo, de un inicio me dice que me está haciendo un favor al acompañarme a las ocho de la noche a la comisaría de Santa Felicia y que espera que yo sepa recompensarle. Que tal raza. Como si yo hubiera puesto la denuncia y como si yo quisiera que mi carro quede capturado y enviado al deposito. Sé que la policía anda mal pero esto de querer ganarse un dinero con la gente honesta no lo tolero. Está bien, yo también he coimeado en algún momento evitando alguna luz roja pero ahí si tenían razón. Pero ahora no. Todo esto es increíble. Sólo espero llegar a la comisaría de Santa Felicia y terminar de una vez con toda esta pesadilla.

Para colmo me agarran en la puerta de mi casa. No puede ser. Si hubiera entrado a mi casa no estaría pasando por todo esto. Pero no. Justo pasa Mariela y me quedo como imbécil conversando con ella. Está simpática. Ha crecido por todos los costados. Está para agarrarla un fin de semana y no soltarla hasta el lunes. Y eso que era bien flaca cuando fue mi pareja de promoción del colegio. Bueno, sigue siendo flaca pero digamos que algo mas voluptuosa. Con ese pretexto me agarro el patrullero. “Usted esta mal estacionado y además su auto tiene orden de captura por la delegación de Santa Felicia”. Está bien, estaba al medio de la pista a punto de meter el auto a mi cochera, pero sólo fue un momento. Bueno, un largo momento en el que me quede conversando con Mariela.

¿Y ahora qué? No pues. Se volvió a perder el viejo. Mejor me voy a un grifo y pregunto yo mismo porque con este no llego a ninguna parte. Ahora el viejo cree que nos hemos equivocado de ruta. Ahora piensa que es al otro extremo de la ciudad. Prefiero no escucharlo. Vamos a ver que nos dice el grifero. No lo creo. ¿De verdad que es al otro extremo de la ciudad? Si hasta el mapa de Lima me ha sacado para convencerme de que es así. Ahora el viejo me dice que es la primera vez que se equivoca. Que nunca le había pasado. Mejor cállate antes que mi diplomacia se vaya al carajo y te mande a la mierda, viejo coimero.

Así que Santa Felicia quedaba por La Molina. Yo sabía que mi trabajo quedaba en La Molina pero no sabía que específicamente la zona se llamaba Santa Felicia. Ahora sí que mi teoría del maldito que me ha denunciado solo para joderme tiene su fundamento. Seguro que me ha visto a la salida del trabajo. Sí, porque si no es así ¿cómo?. Nunca he tenido ningún choque en La Molina. Sólo aquella vez que un papanatas me choco de retroceso hace como ocho o nueve meses. Menos mal no paso nada ni a mi carro ni al suyo. ¿O no será que este desgraciado me hizo la denuncia? No, no lo creo. Sino ya me hubieran detenido hace tiempo. Si aquí en Lima casi todos los días los policías hacen operativos para buscar vehículos robados o con orden de captura. Y a mí me han detenido casi como diez veces en los últimos meses para pedir mis documentos y nunca me han salido con esta cabronada. No, tiene que haber sido reciente. Es lo que digo, un desgraciado que necesita dinero y que se quiere aprovechar con el primero que pase. ¡Y pase yo, carajo, qué suerte!

Viejo, no diga nada que conozco la ruta. ¿No le digo que yo trabajo por aquí? Así que por aquí era la famosa comisaria de Santa Felicia. Como se nota que voy derechito de la casa al trabajo y viceversa. Ja ja ja, esa ni yo me la creo. Llegamos a la maldita comisaría. El viejo le entrega mis llaves y mis documentos al policía encargado de tránsito. También tiene cara de coimero. Por lo menos ya le conté que todo se trata de un error y que lo único por lo que estoy aquí es para que me anulen la orden de captura. A ver qué dice el primer expediente. Nissan color plomo de placa AQY-486. ¡Puta madre! Ahora sí que esta vaina se va a poner mas jodida. Necesito saber el detalle de la denuncia. ¿Cuál será la historia que ha contado el hijo de su madre? “… cuyo vehículo choco al del demandante en las intersecciones de las avenidas Centenario y Melgarejo produciendo daños en el parachoque trasero y en la luz izquierda posterior…”. No puede ser. ¿Cuándo dice que fue esto? El primero de Junio del año pasado. No puede ser. ¡Si él fue quien me chocó!

Escuche señor policía la historia no es así, él fue quien me chocó. Créame, le digo absolutamente la verdad. Si me da el teléfono de esta persona puedo llamarlo o ir y buscarlo a su casa y que le diga como fue la verdad de todo esto. Es que no puedo creerlo. Si hasta le di la mano al momento de despedirnos. No entiendo porque me ha querido hacer esto si el sujeto parecía correcto. Era joven pero se le veía sin afán de molestar. Es más, si fuimos juntos al taller para ver si le había pasado algo a mi vehículo que ÉL había chocado. Afortunadamente para él no paso nada mas que un rasguño que podía disimularse con un poco de silicona. Y el desgraciado ha venido al día siguiente y me ha puesto la denuncia, no se porqué. Y ahora estoy pasando todo esto por su culpa. Por favor jefe, créame. Le estoy diciendo la verdad. Ya verá que cuando lo llame todo esto se va a solucionar.

¡Monedas, monedas! Necesito cambiar esta moneda sino el teléfono publico se queda con el vuelto. Ya está. A ver. Tres cuatro ocho ochentidós cincuenta. ¡Contesta, contesta! Con Miguel Zegarra por favor. ¿Cómo que de viaje? No puede ser. Mi carro esta a punto de quedar detenido por las puras, a merced de los robos de los propios policías y éste está de viaje. ¡Y no viene hasta el sábado! No, esto no me puede estar pasando. ¿Usted es su mama, verdad? Señora por favor ayúdeme. Su hijo me ha hecho todo esto. Menos mal usted me entiende. Si pues, no desearía que ninguno de sus dos hijos le pase lo que me esta pasando. De acuerdo, entonces espero a su esposo para ver como me puede solucionar este problema. No señora, no sé cómo se llama el comisario. Muchas gracias y ojalá me pueda ayudar. Menos mal la señora me parece buena persona. A ver qué puede hacer ella y su esposo. ¿Por qué me habrá preguntado por el nombre del comisario? No me queda mas que esperar al marido.

¡Maldición, mi ultima moneda la gasté llamando a casa para avisar! Y a la hora que se me antoja un cigarro. Para colmo de males, ahora estoy angustiado por un cigarro. Saldré fuera a esperar al señor. Ya no soporto ver tanto verdes coimeros. Está bajando un capitán o un general o algo así. Lo digo porque viene todo engalonado. No me venga a decir que…. “Coronel Zegarra”. Es el papá del que me chocó. Es coronel de la policía y todavía trabaja en Inspectorado. Que tal suerte por Dios. Me dice que va a hablar con el comisario. Con razón la señora me pregunto por el nombre del comisario. Ahora sí que todo concuerda. De seguro que el hijo le contó a su papicoronel que había chocado y éste le dijo que hiciera la denuncia por precaución antes de que yo quisiera salirme con la mía y lo denuncie sólo por joder. Por eso la sonrisa del coronel al verme. Por eso que está ahora mismo con todos sus galones hablando con el comisario para que me permita retirar mi carro. Así resulto ser todo.

“Ya hable con el comisario; vas a poder llevarte tu carro sin problemas”. Muchas gracias coronel. No me importa que no te disculpes por todo lo que me ha hecho tu hijo. No lo necesito. Lo que necesito es irme de esta comisaria con mi carro. “Te vamos a dar una suspensión temporal hasta que venga el hijo del coronel y retire la denuncia”. ¡Qué bien! Así que para sacar mi carro solo necesito sacar una fotocopia a mis documentos. No hay problema. Un momento. Son las once de la noche, ¿dónde consigo una fotocopiadora a estas horas? ¡Puta madre! ¿Y ahora? Además ya no tengo dinero. Sólo me queda mi dólar de la suerte. ¡Amigo, un favor, te cambio un dólar por tres soles!. No importa, dame un sol nomás. ¡Pero dime dónde está la fotocopiadora! Vamos Kike, tú llegas. Son sólo tres cuadras. No cierres por favor. Diosito por favor, tu sabes que nunca me ha gustado pedirte algo. Hazme el favor esta vez. Veo que hay una luz. ¡Señora por favor no cierre, necesito una fotocopia! Sí, ya sé que está cerrando pero por favor, se lo suplico, sino no voy a poder sacar mi carro hasta mañana. Muchísimas gracias, no sabe cuanto se lo agradezco. Quédese con el cambio.

Listo Jefe, aquí está la fotocopia. Firma por aquí. Si jefe, ya sé que tengo que terminar el trámite el lunes. No se preocupe, aquí estaré. Lo que más me importa en estos momentos es que me entregue mis llaves. Muchas gracias jefe. Hasta luego. Al fin. Después de mas de cinco horas estoy nuevamente manejando hacia casa. ¡Qué momentos, por Dios! Con esta suspención temporal tengo tiempo hasta el lunes para toda la burocracia administrativa y ponerle punto final a la tragedia. Ya estoy mucho mas tranquilo. Ahora sí puedo decir que tengo la suerte (y los galones del Coronel) a mi favor.

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